La tecnología puede ser una fuerza para el bien o una fuerza para el mal en una democracia, incluso en el contexto de las elecciones. En el lado negativo, las noticias falsas (especialmente a través de anuncios políticos en línea) se utilizan cada vez más para confundir o manipular a los votantes; los datos personales robados (por ejemplo, Facebook y Cambridge Analytica) se pueden usar para lanzar campañas micro dirigidas que avivan las quejas e incitan al odio y la violencia; y las redes sociales pueden proporcionar una plataforma o “entrada” para la interferencia extranjera en las encuestas democráticas. En el lado positivo, el uso de algunas tecnologías (por ejemplo, software de votación vinculado a iPads y actualizaciones de resultados en tiempo real) puede ayudar a mejorar la transparencia y la confianza en los procesos electorales; y puede ayudar a “abrir” las instituciones y decisiones democráticas, haciéndolas más accesibles y receptivas a la población.
URG, a través del Consejo de Derechos Humanos y otras plataformas, buscará unir a los Estados democráticos, para compartir información y desarrollar buenas prácticas para responder a las amenazas que algunas aplicaciones de la tecnología representan para la integridad de las elecciones y la democracia. El proyecto también tratará de comprender cómo algunos países, incluidas sus comisiones electorales, están movilizando tecnología para aumentar la confianza en las elecciones y acercar la democracia a la población.
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