Foro Generación Igualdad – Edición de París: Más compromisos ambiciosos, menos promesas vacías

by Vany Cortés, Universal Rights Group Geneva Asuntos contemporáneos y emergentes, Blog, Blog

El 30 de junio, el Secretario General de la ONU, António Guterres, inauguró la segunda sesión del Foro Generación Igualdad (GEF por sus siglas en inglés) junto con la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, y el Presidente de Francia, Emmanuel Macron. El GEF es un encuentro mundial coorganizado por ONU Mujeres y los gobiernos de Francia y México en estrecha colaboración con activistas juveniles y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo. El GEF 2021 fue conformado por dos sesiones, cuyo objetivo fue revisar los progresos realizados desde la adopción de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing hace 26 años en Pekín y abordar diversos retos actuales, incluyendo los impactos del cambio climático y de la pandemia de COVID-19 en la vida de las mujeres.

El Foro comenzó con una primera edición celebrada en la Ciudad de México el pasado marzo, y concluyó el 2 de julio en París con un evento de tres días de duración, el cual contó con una diversa participación y ambiciosos compromisos. La plataforma digital del Foro de París reunió a más de 40.000 espectadores de todo el mundo y contó con la presencia de Jefes de Estado, miembros de gobiernos del Norte y del Sur Global, el sector privado y activistas de la sociedad civil. Los jóvenes y las defensoras de los derechos humanos estuvieron siempre en el centro de la discusión. ¿El resultado? Un total de más de 1.000 innovadores compromisos, 40.000 millones de dólares en inversiones y el Plan de Aceleración Global para la Igualdad de Género, un plan de acción de cinco años para defender los derechos de las mujeres y acelerar la igualdad de género para el año 2026.  

El Foro Generación Igualdad comparte similitudes con las cuatro Conferencias Mundiales sobre la Mujer organizadas por la ONU entre 1975 y 1995, en las cuales los Estados se reunieron previamente para establecer una agenda global sobre los derechos de las mujeres. Sin embargo, las propuestas del GEF tienen una serie de características únicas que pueden hacer que la igualdad de género se convierta en una realidad de una vez por todas. 

¡Dejemos de hablar y empecemos a financiar!

A diferencia de la Plataforma de Acción de Beijing y de las Conferencias Mundiales sobre la Mujer anteriores, parece que esta vez hay un apoyo y un compromiso más sinceros por parte de las partes interesadas, desde los Estados, hasta los miembros de la sociedad civil y el sector privado. Parafraseando a la embajadora y secretaria general del Foro Generación Igualdad de Paris, Delphine O, una particularidad de este Foro es que, si bien se invitó a todos los Estados a participar, no todos fueron admitidos, ya que debían cumplir una condición determinada: las partes interesadas debían presentar al menos un compromiso factible. De esta forma, sólo las partes realmente dispuestas a hacer un cambio en los próximos cinco años estuvieron presentes en el evento. A su vez, las acciones propuestas estuvieron sujetas a la capacidad de cada Estado, es decir que los Estados del Norte Global se comprometieron principalmente (pero no exclusivamente) a invertir y financiar iniciativas, mientras que los países en desarrollo se comprometieron mayoritariamente a adoptar o modificar políticas y leyes.

La falta de inversión ha sido frecuentemente identificada como un obstáculo principal a la hora de implementar y adoptar medidas para hacer frente a la desigualdad de género. Antes del GEF de París, era común que los gobiernos discutieran sobre la necesidad urgente de hacer avanzar los derechos de las mujeres, y se reconocía ampliamente la severidad del problema de la desigualdad de género. No obstante, había una falta constante de apoyo económico y, en palabras de la joven activista Aya Chebbi, “¡tenemos que dejar de hablar de igualdad de género y empezar a financiar la igualdad de género!”. 

El GEF de París consolidó los cimientos sentados en la Ciudad de México, al ampliar el abanico de propuestas con nuevas promesas y recaudar una cantidad récord de 40.000 millones de dólares en inversiones. Entre los principales inversores se encuentran los gobiernos, que invertirán alrededor de 21.000 millones de dólares en los próximos cinco años para promover la salud y los derechos sexuales y reproductivos y para financiar la atención sanitaria en países de ingresos medianos y bajos (entre los que destacan Francia, con 100 millones de euros, y Canadá, con 100 millones de dólares). El sector privado se comprometió con aproximadamente 13.000 millones de dólares, de los cuales la Fundación Bill y Melinda Gates destinará 2.100 millones de dólares a la planificación familiar en los próximos cinco años. Se prevé que esta cifra histórica siga aumentando aún más en los años venideros, ya que se espera que más Estados se unan al movimiento de la “Generación Igualdad“. Esta movilización económica era sumamente necesaria, sin embargo, no es más que la base de una serie de medidas que deben adoptarse para hacer avanzar la igualdad de género de forma holística y superar los posibles obstáculos que se encuentren en el camino.

Retrociendo el retroceso

El Foro Generación Igualdad representa una verdadera oportunidad para saldar una deuda histórica y poner al mundo en el camino correcto hacia la igualdad de género pero aún existen importantes desafíos. En los últimos años se ha producido un desafortunado aumento de movimientos antiderechos y esta oleada se ha visto alimentada por el impacto de la pandemia de Covid-19. El trasfondo de estos movimientos se encuentra en un rechazo político o ideológico a los derechos de la mujer en general y particularmente, al derecho de las personas a la autonomía corporal. Estos rechazos pueden verse reflejados en leyes y políticas discriminatorias que intentan restringir la expresión de la sexualidad y el género de las mujeres más allá de las expresiones binarias tradicionales; en tradiciones culturales dañinas que someten a las personas a vivir de acuerdo con determinadas expectativas sociales; en ideas patriarcales que perpetúan la desigualdad de género, así como en la resistencia a reconocer el derecho a decidir sobre el cuerpo de uno mismo. 

El estallido de la pandemia ha exacerbado aún más las desigualdades y ha contribuido a revertir los progresos realizados en ciertos países. Mientras que en algunos países estas tendencias antiderechos comenzaron a gestarse mucho antes de que el COVID-19 entrara en escena, los acontecimientos recientes en Polonia, Turquía y Hungría son particularmente ilustrativos. El 20 de octubre de 2020, el Tribunal Constitucional polaco emitió una polémica decisión que restringió aún más el acceso al aborto legal, que ya estaba limitado a tres excepciones. Asimismo, el 20 de marzo de este año, el presidente Erdogan emitió un decreto mediante el cual retiró la ratificación de Turquía del Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, comúnmente conocido como el Convenio de Estambul. La revocación de Turquía es especialmente preocupante, ya que podría crear un efecto dominó para que otros Estados Parte sigan su ejemplo, poniendo así en peligro los derechos de millones de mujeres y niñas; sin mencionar que el país es el primero en retirarse a pesar de su papel central en la adopción del Convenio en la antigua ciudad turca de Estambul en 2011. Por otra parte, en Hungría se ha prohibido la difusión de contenido LGBTQI+ en las escuelas y en la televisión diurna tras un proyecto de ley aprobado el 15 de junio, mismo que entrará en vigor a pesar de las advertencias de la Unión Europea. Diversos críticos han subrayado que esta ley es incompatible con las normas internacionales de derechos humanos, y la Comisión Europea, cuya presidenta Ursula von der Leyen calificól a ley como una “vergüenza“, ha emprendido acciones legales alegando que la legislación contraviene múltiples leyes de la Unión Europea.

Durante la ceremonia de apertura del GEF en París, el Secretario General de la ONU, António Guterres, lamentó el auge de movimientos regresivos y abogó enérgicamente por “hacer retroceder el retroceso”, haciendo un llamado a los Estados y a la sociedad civil para hacer frente a ideologías conservadoras que ponen en peligro los logros alcanzados en los 26 años transcurridos desde Pekín. Como muestra de resistencia, los participantes del Foro defendieron el concepto de derechos sexuales y reproductivos, así como otros términos progresistas, como el derecho al aborto, la educación sexual integral, la autonomía corporal y las referencias a las mujeres y las niñas en toda su diversidad. Este apoyo político y retórico es crucial, y un fuerte compromiso de la sociedad civil debe estar en el centro de toda estrategia para contrarrestar los innumerables desafíos y contratiempos que puedan presentarse.

No hay vuelta atrás

El Foro Generación Igualdad demostró que no hay vuelta atrás, ya que los jóvenes líderes están alzando la voz para reclamar un mejor futuro. Esta exigencia no sólo se refiere a cómo reconstruir el mundo después de la pandemia, sino también al cambio climático, poner un alto a la violencia contra las defensoras de los derechos humanos y el reconocimiento del derecho a la autonomía corporal. Miembros de la sociedad civil instaron a los gobiernos a adoptar planes de estímulo y recuperación con perspectiva de género que sitúen a las mujeres y las niñas, en toda su diversidad, en la primera línea de los procesos de toma de decisiones para hacer frente a los efectos negativos de la pandemia de Covid-19 y del cambio climático. Lamentablemente, las mujeres y las niñas siguen estando infrarrepresentadas en todos los niveles de la toma de decisiones, y la adopción de medidas para garantizar la paridad de género es esencial para redistribuir el poder y asegurar la representación equitativa de las mujeres y las niñas en todos los ámbitos de la vida. Con esta finalidad, la empresa francesa AFNOR Group presentó la iniciativa AFNOR Spec X30-020, que es una guía con perspectiva internacional destinada a crear una norma ISO sobre la igualdad de género y a promover la representación equitativa de las mujeres, tanto en el sector público como en el privado del mercado laboral. 

La participación de mujeres y niñas en toda su diversidad es un elemento no negociable en la lucha por la igualdad de género. Por ello, es esencial que los gobiernos adopten un enfoque interseccional para garantizar que nadie se quede atrás. El GEF 2021 fue sin duda un punto de referencia en este sentido, ya que contó con la participación de panelistas de grupos históricamente marginados, como personas LGBTQI+, mujeres desplazadas, mujeres que viven con el VIH/SIDA y mujeres con alguna discapacidad. Sin embargo, aún se puede mejorar, ya que la plataforma en línea no siempre contó con subtítulos e interpretación en lengua de señas, por lo que las mujeres y niñas con ciertas discapacidades no pudieron tomar la palabra. Situaciones como ésta deben evitarse a toda costa y acciones futuras deben no solamente incluir perspectivas de género, sino también de la discapacidad para garantizar que todas puedan participar activamente en los debates. 

Se podría decir que lo que más distingue al Foro Generación Igualdad de otras Conferencias mundiales sobre la mujer, es el hecho de que los actores no estatales estuvieron al frente del debate y participarán activamente en garantizar que los gobiernos y las empresas cumplan sus compromisos. Al fin y al cabo, hasta el día de hoy, los compromisos no son más que promesas que deben traducirse en políticas y leyes reales. De ahí que sea crucial la puesta en marcha de mecanismos eficaces de rendición de cuentas para supervisar su cumplimiento y los participantes del Foro se mostraron especialmente preocupados por hacer que los Estados rindan cuentas para evitar las habituales promesas vacías.

Si bien el papel de las organizaciones de la sociedad civil es primordial para cumplir el plan de acción quinquenal, también es nuestra responsabilidad global garantizar que los Estados y miembros del sector privado cumplan sus compromisos. Sólo así podremos ser testigos de un progreso real en materia de igualdad de género mientras “reconstruimos mejor” después de la pandemia. Ya no hay vuelta atrás. 

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